martes, 10 de febrero de 2009

Fin de fiesta



Escucha. La casa estaba preciosa. Era la primera vez que me paraba a limpiar cada rincón, encima de cada libro,aspire el sofá, y las alfombras no tenían ni una miga de pan. Pinté carteles de bienvenida con tus colores favoritos: verde y morado. Llené de purpurina los espejos, de globos rojos el salón, de azules la habitación. La mesa principal rebosaba dulzor. Pasteles de chocolate, negro, blanco, con nata, con almendras, donuts, helados de fresa y pistacho, ositos de goma, de los que te volvían loca. Una enorme tarta de arroz con leche coronaba aquel homenaje al azúcar. Pasé semanas recopilando tus canciones favoritas. Las que te hacían sonreír, azotada por algún recuerdo lejano, las que tarareabas en la ducha, las que sonaron en tu mp3 de vuelta a casa en nuestra primera despedida. Descarté las que en ciertas ocasiones te quisieron hacer llorar. Aunque perjurabas que eran tus favoritas, no era momento de lágrimas.

Había invitado a todo el mundo. Tus padres, radiantes y amables, tus amigas, tus amigos, tus antiguos amores,un gran mérito por mi parte, incluso a los vecinos del C, que tan simpáticos te eran.
¡Tardé tanto en prepararlo todo! Compré un traje con corbata, mi primera corbata. Me afeité como más te gustaba, sin parecer que lo había hecho, y rocié mi pelo con colonia de bebé, ¡había mucho que celebrar!

Entre mis manos temblorosas el confeti se fundía con el sudor, formando una masa absurda de papel colorido. Solo quedaba esperar. Mezcle el tinto con el limón y suspiré.Cuando sonó el teléfono mi corazón, disparado, se planto a grandes latidos en medio del salón, ante el asombro de los asistentes. Tu voz, lejana : "Lo he pensado mejor. No voy a volver".
Colgué el auricular con un esfuerzo infinito, como si manejara todo el peso del mundo con mis débiles manos.

Y la fiesta continuó. Sin ti, sin mi.

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